martes, 30 de marzo de 2010

EL ACECHO

Luchaba inconscientemente de no caer al piso, cual equilibrista sonámbulo que solo se guía por los recuerdos con los ojos cerrados.
Ella tendría 25, tal vez menos edad y lucia un escote no despreciable a mi humilde opinión, un manjar digno de un gourmet y mas para la manada que la acechaba desde los asientos de enfrente mientras la presa no los veía .Su cansancio era evidente y el movimiento de su cabeza asemejaba al de un péndulo, exhibiéndose a placer de los espectadores que ansiaban probar esa blanca piel y saborear su dulce carne.
Cuando la voz del conductor dio aviso que llegábamos a estación salvador abrió los ojos cansados para chequear su paradero, momento en el cual las bestias desviaron las miradas hacia los periódicos, al exterior del carro o hacia los últimos vagones del metro que zigzagueaban como la cola de una serpiente
Unos segundos después su cabeza cayó sobre su pecho, pareció que el grupo comprendió que el momento había llegado. Uno de los lobos dio el primer paso y avanzo con cautela (estuve seguro que se trataba del macho alfa)los demás lo imitaron con sigilo y la baba cayéndose al piso.
El momento final se mostró en “Los heroes” cuando la futura victima recostó su cabeza hacia atrás, entregando el botín a voluntad de los licántropos sin luna llena.
El líder se sentó a su lado izquierdo mientras los demás avanzaban tomándose de los pasamanos y de los asientos contiguos. Abrieron sus fauces mostrando los dientes amarillentos y desgastados tan cerca que los jadeos empañaban como un vidrio la palidez de su tibio pecho.
La escena se transformaría en una carnicería en unos segundos, lo percibí por el estruendo que provocaban los acelerados latidos en los pechos de los desalmados, como en el cuento de Poe.
El tiempo pareció detenerse y solo pude contener el aliento con los ojos fuera de orbita y sin parpadear, esperando el golpe final. Intente detener el carnaval de sangre, creyendo encontrar 3 balas de plata en mis bolsillos, pero solo eran unas monedas que sobraron al cargar mi tarjeta. Entonces la reclinada cabeza se compuso veloz, clavando la mirada en los hambrientos ojos de sus invitados a comer, quienes sorprendidos cayeron de espaldas , aullando y escabulléndose entre la multitud, hacia los vagones lejanos abortando la misión.
Una vez sin nadie alrededor, la ninfa volvió a su estado de somnolente alerta, por lo que esta vez decidí sentarme a su lado y protegerla hasta su destino de los peligros que habitan en estos vagones.
Quien sabe……la manada podría reagruparse……………
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viernes, 26 de marzo de 2010



Su amor no era sencillo Mario Benedetti

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. Él padecía claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.